Quiero empezar mi andadura en Alóngate con uno de esos pintorescos rincones del globo que ansío conocer, aunque la dificultad de llegar no sea poca: La remota isla atlántica de Tristán de Acuña.

La redondísima isla de Tristán de Acuña

¿Bonita, eh?

Lo cierto es que Tristán de Acuña -o Tristan da Cunha, como prefieras- es el nombre de la mayor de las tres islas que forman el archipiélago del mismo nombre, siendo ésta la única isla habitada de las tres. Las otras dos islas que terminan de conformar el archipiélago son Nightingale (en español sería Ruiseñor) e Inaccesible (más claro el agua). Y cuando digo habitada, me estoy refiriendo a la apabullante cantidad de 271 personas censadas.

Pero a parte de su escasa población y esa redondez casi exacta coronada por una única montaña. ¿Qué hace de Tristán de Acuña algo especial? Simple. Digamos que nuestra isla en cuestión es, según el libro Guiness de los Récords, el lugar habitado más remoto de la tierra. ¿Cómo de remoto? Pues a 3360 km de Sudamérica, a 2816km de Sudáfrica y a 2161km del lugar habitado más cercano, la también remotísima isla de Santa Helena (Donde nuestro amigo el señor Bonaparte pasó sus últimos años en cautiverio). Para que os hagáis una idea…

Sí, justo ahí. En medio de ninguna parte.

La isla (y en consecuencia, el archipiélago) fue descubierta en 1506 por el navegante portugués Tristáo da Cunha (¡Vaya, qué curiosa coincidencia!), que debía andar más perdido que un pulpo en un garaje para topar con semejante minucia en medio del Atlántico sur. A principios del XIX, los británicos se hicieron con la isla y no tardaron en llegar los primeros pobladores, muy valientes ellos, todo sea dicho. Los actuales habitantes se dedican, cómo no, a la agricultura y la pesca, pues la isla no da para mucho más.

Un hecho bastante curioso ocurrió en 1963, cuando esa montañita tan céntrica, un volcán a fin de cuentas, entró en erupción. Los habitantes fueron evacuados a Reino Unido, donde su traslado coincidió con uno de los peores inviernos en décadas. Ese hecho, sumado al encuentro con una serie de enfermedades comunes para nosotros, pero extrañas para ellos, provocó que una parte de los tristandacuñeros, los de más edad, sobre todo, fallecieran lejos del hogar. Para más inri, cuando volvieron a la isla se encontraron con que el asentamiento principal de la isla había sido sepultado en gran parte por la lava, y lo poco que se había salvado había sido pasto de saqueos de modernos piratas. Pero ahí no acaba la historia, porque los perros, esos entrañables compañeros, acabaron con todas las ovejas en ausencia de sus amos.  Y es que vivir en el lugar más remoto del mundo, no podía resultar muy fácil.

La población de Tristán da Cunha

Para saber más:

http://es.wikipedia.org/wiki/Trist%C3%A1n_de_Acu%C3%B1a